viernes, 27 de noviembre de 2020

CHISME: ORIGEN DE LA FILOSOFÍA

A propósito del Día Mundial de la Filosofía
Celebrado el 19 de noviembre 

En este artículo propongo una dicotomía, si la filosofía se dio para pensar y profundizar en el chisme, el cotorreo, el cotilleo o el fisgoneo o por el contrario, si el chisme, el cotorreo, el cotilleo o el fisgoneo dieron origen a la filosofía. 

Empecemos con algunas definiciones de filosofía, ya que hay muchas y variadas según el gusto de cada quien. 

La primera de ellas que voy a citar es la que propone Aristóteles, en la primera frase de la Metafísica nos dice: Todo inicia por el deseo de conocer. Ese deseo es natural y en las abuelas, tías, primas, hijas y hay hombres que no se salvan, pues los estudios muestran que ellos tienen más deseo de conocer y de saber que las propias mujeres. Este deseo se manifiesta en el chisme, tan es así que el chismear, el cotorrear, el cotillear, el fisgonear y el husmear son connaturales en el ser humano. Por ello, cuando pasa algo al frente de la casa o en la calle, la gran mayoría de los que habitan tan humilde morada cogen las calzas de Villadiego y se atropellan en la ventana, en la puerta o en la calle se apeñuscan por saber qué está pasando o qué pasó.

Y en Platón, encontramos que una de las definiciones es la capacidad de asombro. Éste se manifiesta desde temprana edad, desde que el hombre empieza a gatear. El niño se asombra y cuando sucede se enciende la capacidad por conocer, por saber. Y esta capacidad de asombro sucede hasta en las películas de terror, un ejemplo de ello es cuando en Hellbound: Hellraiser II el doctor Channard pone a Tiffany, una joven paciente que no ha hablado durante años y, que demuestra una sorprendente aptitud para los rompecabezas, ha sido elegida por el doctor para abrir la caja. La abre pero cuando aparece Pinhead y los cenobitas no le hacen daño a ella pues ha sido utilizada por el doctor y Julia; los asistentes del doctor queriendo que no se abra el portal le imploran que pare y el doctor les dice: I have to see, I have to Know. Pero descendamos del Olímpo cinematográfico a la realidad; cuando sucede el hecho mencionado al frente de la casa o en la calle, antes del deseo de conocer, está el asombro. Por eso, la vecina le pregunta a la abuela, la tía, la madre, la sobrina, la hija o el vecino le pregunta al amigo, al parcero, al compadre con asombro que fue lo que pasó, de nuevo se presenta el chisme, el cotorreo, el cotilleo o el fisgoneo.

En Marx, la filosofía se presenta como sospecha, crítica, desmonte y transformación. Desmenucemos esta definición. La sospecha es imaginar algo por conjeturas fundadas en apariencias o indicios o desconfiar de algo o de alguien. De ahí, que cuando ocurre algo al frente de la casa o en la calle, el vecino sospecha lo que pudo haber pasado y lo comparte con otro, pero en esa sospecha de lo que pudo haber pasado se critica eso que pasó, se desmonta el hecho o suceso como tal y se transforma, agregando o quitando cosas de lo que acaeció. En otras palabras el chisme que había primero dejó de ser ese para convertirse en otro chisme.     

Wittgenstein advierte que la filosofía es la eliminación de los pseudo-problemas, surgidos por el mal uso del lenguaje. Es decir, que el chisme que se transformó gracias a nuestro amigo Marx, se elimina por el mal uso el lenguaje. Claro está, se elimina en cuanto ese chisme, cotorreo, cotilleo o fisgoneo y la abuela, la tía, la madre, la sobrina, la hija o el vecino, el amigo, el parcero o el compadre lo resignifica. Así lo propone Milton Erickson, en su definición de resignificación, asumiendo que cada persona es única y que, inevitablemente tendemos a etiquetar de forma automática a las cosas como buenas o malas, nosotros podemos siempre darles un significado especial. O sea, el chisme se magnifica. 

La fenomenología, nos dice que la filosofía es la descripción de los fenómenos, de lo que aparece, y esclarecimiento de la experiencia. El chisme, desde luego, es un fenómeno, que se hace imperativo describir, para ser saboreado de una mejor forma. Por lo tanto, la abuela, la tía, la madre, la sobrina, la hija o el vecino, el amigo, el parcero o el compadre, necesitan esclarecer mejor el chisme, el cotorreo, el cotilleo o el fisgoneo para vivenciar de una mejor manera su experiencia del chismoseo o chismorreo, tan acertadamente propuesto por Husserl o Stein.

Y para ir finalizando este sainete, una definición más, la filosofía como deconstrucción, propuesta por Derrida, ya que el chisme en el frente de la casa o en la calle, una vez se resignifica hay que deconstruirlo para revisarlo y disminuirlo y así darle al chisme, al cotorreo, al cotilleo o al fisgoneo una nueva dimensión y forma un nuevo chisme más enriquecedor, es decir, de nuevo se agranda más.

Es así que, el chismosear, el cotorrear, el cotillear, el husmear o el fisgonear es solo una forma de tratar con la realidad, al igual que el filosofar, de abrir un espacio vital en el mundo que lo haga vivible o habitable. 

Desde este punto de vista, la filosofía no surgió como un saber desinteresado, o como un mero saber por el saber, sino que, desde los comienzos, hasta hoy, ha estado vinculada con la necesidad de vivir, en un sentido amplio; con la necesidad de saber qué son las cosas, qué es lo que le pasa al otro o a ese alguien, cuál es el sentido de mi existencia. Por eso decía Ortega y Gasset: “no vivimos para pensar, sino al revés: pensamos para lograr pervivir”. Diría yo, pensamos para chismosear, cotorrear, cotillear, husmear o fisgonear. 

Ya decía María Zambrano: “solo el saber asumido, que puede dar cuenta de su origen…es legítimo”. Yo le agregaría –de su origen…es – el chisme, el cotorreo, el cotilleo o el fisgoneo.

Para finalizar, filosofía y chismorreo son lo mismo y el que hace filosofía es filósofo como el que chismorrea es chismoso. Así, la filosofía no es de la Academia sino de la calle. Y mi abuela, mi tía, mi madre, mi sobrina, mi hija o mi vecino, mi amigo, mi parcero, mi compadre o mi güey (para estar a tono con los jóvenes de hoy) son filósofos. 

LAURENTINO RODRÍGUEZ CONTRERAS 
26 DE NOVIEMBRE DE 2020

Las imágenes son tomadas de El globo de Gambetta - WordPress.com y Pinterest

viernes, 13 de noviembre de 2020

LA MÚSICA EN LA SERIE THE QUEEN'S GAMBIT

 INTRODUCCIÓN

Se ha escrito mucho en las últimas semanas de esta serie, basada en la novela homónima de Walter Tevis, como una de las mejores de Netflix de este año, no es para menos. Grandes críticas y muy buenas reseñas, su vestuario es de resaltar tanto así que sitios en internet como Elle y Vogue lo analizan como uno de sus grandes aciertos y ya está causando tendencia actual, como el color rojo de su cabello, en la moda. La ambientación, el sonido, la fotografía y la producción en general presentan un sello excelso, no deja de lado ningún aspecto a elaborar. Cabe resaltar que en esta oportunidad Netflix dejó de lado el aspecto comercial y le apostó a una serie que llegó a las pantallas de ordenadores y celulares sin muchas pretensiones pero que se convirtió en tendencia y actualmente está entre las diez más vistas de la plataforma. 

Uno de los grandes logros de Scott Frank es presentar una ficción como si fuera una serie biográfica, ya que terminado el primer episodio uno tiende a buscar la vida de Beth Harmon. Y sí, está basada en la vida de Bobby Fischer, uno de los grandes prodigios del ajedrez en su enfrentamiento con el jugador ruso Boris Spassky en 1972. También vemos que las adicciones de Beth, al alcohol y los medicamentos desde niña fueron reflejo de la vida personal del autor de la novela, como él mismo lo dijo en una entrevista. Ella, es un personaje que carece de inteligencia emocional, un personaje lleno de ira que lo único que desea es ser la mejor del mundo y que se regodea en sus triunfos y se encierra con su soledad en sus derrotas. Destaco que el hecho de llegar a ser la mejor del mundo es por la pasión que posee en lo que hace mejor, jugar ajedrez.   

No solamente es una serie de ficción, también es dramática en donde las actuaciones sobresalen con un gran elenco. Me parece que el señor Schaibel protagonizado por Bill Camp pudo durar más tiempo en pantalla en provecho de la calidad y trayectoria de este gran actor. 

En relación con el título de la serie The Queen´s Gambit (El Gambito de Reina o de dama) es el nombre que recibe una de las clásicas aperturas en el ajedrez, pueda que no sepas mucho o nada del juego pero la trama es tal que sales con ganas de conocer y practicar este apasionante juego. Y qué mejor que en esta época de pandemia en donde tenemos que cuidar el distanciamiento social y en lo posible quedarnos en casa. Estoy seguro que las partidas de ajedrez, en los diferentes sitios de la red, a raíz de la serie han aumentado.  Importante destacar que esta serie está realizada con base en la forma en se realiza el juego, a saber, apertura, medio juego y final. Además, los nombres de cada uno de los capítulos son términos ajedrecísticos. Hasta en esto tuvieron una gran sutileza en su realización, pues contaron con la asesoría como consultores al gran maestro Garri Kaspárov y el entrenador de ajedrez Bruce Pandolfini. 

Ni más faltaba, es un proyecto que lleva dos años en planeación y producción. 

BIOGRAFÍA*

Sin embargo, la presente reseña quiere ir por otro lado y es tocar el aspecto musical, en especial la banda sonora, compuesta por Carlos Rafael Rivera, es de ascendencia cubano-guatemalteca, Carlos nació el 18 de agosto de 1970 en Washington, D.C. y creció en Guatemala, Costa Rica, Panamá, y Miami. Doctor en artes musicales.

Su trabajo como compositor es una amalgama de su pasión por el folclor y la música multicultural. Entre los sonidos tibetano-budistas en su obra coral Motet for 12 Singers, y su obra orquestal inspirada en mitos mayas del Popol Vuh, las composiciones de Carlos han sido grabadas por Chanticleer para Warner Classics, el Cuarteto de Guitarra de Los Ángeles (LAGQ) para Sony Classical, y el guitarrista Denis Azabagic para discos Naxos. 

Como guitarrista, su obra incluye grabaciones para bandas sonoras de los filmes Crash (Lion's Gate Films, 2005), y Dragonfly (Universal Films, 2002), así como sesiones de estudio para Vagrant Records, Island/Def Jam y Universal Records. Ha tocado en vivo con Arturo Sandoval, y actualmente con el canta-autor Randy Coleman, abriendo recientemente para The Who en el Hollywood Bowl.

Carlos Rafael Rivera, como director musical, forma parte de la miniserie de Netflix The queen's gambit, es un compositor ganador del premio Emmy cuyo trabajo para cine y televisión incluye partituras para Godless de Netflix, dirigida por Scott Frank y producida por Steven Soderbergh, así como a Walk among the tombstones de Universal Pictures. 

Tuvo dos nominaciones al Emmy, por Mejor composición musical excepcional para una serie limitada, película o especial (banda sonora original dramática) en 2018 por Godless (Impío) y su tema "Regreso a casa" y la segunda nominación por la que ganó Mejor tema musical original del título principal, también en 2018, por Godless (Impío), ambas producciones originales de Netflix. 

Su música ha sido aclamada por el Miami Herald, el San Francisco Examiner y el LA Times, lo que lo ayudó a ser reconocido como un compositor con la capacidad única de incorporar una gran diversidad de influencias musicales en sus cautivadoras composiciones, que reflejan su educación multicultural en Centroamérica y Estados Unidos.

Se ha desempeñado como compositor residente con la Orquesta Sinfónica de Miami y fue consultor musical de "Invitation to World Literature", una serie educativa financiada por la Fundación Annenberg y producida por WGBH. Es miembro con derecho a voto de la Academia de Televisión (EMMY), la Academia de Grabación (GRAMMY), la Sociedad de Compositores y Letristas (SCL), y es un compositor invitado y conferencista muy buscado en todo el mundo.

Es profesor asistente y director del programa de producción y redacción de medios en la aclamada Frost School of Music de la Universidad de Miami, y está representado por BRADLEY RAINEY en WILLIAM MORRIS ENDEAVOUR ENTERTAINMENT (WME).

RESEÑA MUSICAL

Ahora bien, lo que no he visto son comentarios de la banda sonora, que los debe haber. Muy bien acertada la selección musical y en su justo momento hace que cada una de las escenas adquiera mayor realce del que tienen. Destaco las piezas que más me llamaron la atención y que me gustaron (se encuentran entre paréntesis o citadas directamente), desde luego no están todas las treinta y siete obras que conforman las composiciones originales para la serie. Después de leer esta reseña, se vuelve a ver la serie pero con otra mirada, más profunda y prestando atención a la música que es parte fundamental en toda obra fílmica. 

Dos años le tomó componer la música, inició leyendo el libro, en él se ve mucha música clásica por ello las escenas más importantes son orquestales y clásicas, de hecho cuando Beth se queda sola en el apartamento de un chico que conoce en sus clases de ruso escucha a Vivaldi pero para la serie se hace selección de música folk como el twist y el rock psicodélico, ya que estamos ubicados en los años cincuenta y sesenta para ponerla a tono con todo el entramado: época, vestuario, paisaje y ambientación, pero para cada escena importante se compuso una pieza diferente, desde la introducción a la serie con una fuerza espectacular (Main Title) hasta el final del último capítulo donde es reconocida en el parque por los abuelos que juegan ajedrez y que se reúnen todos los días y que por supuesto es reconocida (Sygrayem Let's Play). La alegría es grande cuando vemos que Beth al final logra vencer sus adicciones. 

Y la música refleja el tema más importante de la serie, que Beth Harmon encuentre su lugar en el mundo ya que independientemente de ser una niña prodigio del ajedrez a quien el señor Schaibel le enseña a jugar (Training With Mr. Schaibel) y la presenta con un entrenador y profesor de ajedrez de otra escuela que la lleva al club de ajedrez de su escuela, para un simultaneo y Beth se da cuenta que es lo suyo después de haberles ganado a todos (You're Gloating), es una adolescente que pasa su soledad (Beth Alone) con la música, el alcohol y los tranquilizantes, en parte compartidos con su madre adoptiva. 

Resalta el empleo de un instrumento particular, el piano, para cada momento de su vida como su llegada a Methuen tras la muerte de su madre (Methuen Home For Children 1957) o el regreso al hogar de niñas cuando va para el funeral del señor Schaibel (Returning To Methuen) y cada personaje, su mejor amiga en el hogar (Jolene!), su primer amor (Playing Townes), su primera victoria (Playing Beltik), su primera partida perdida (Playing Benny), que aparecen en la vida de Beth mostrándonos su historia (Beth's Story). Excepto cuando llega a Rusia invitada al torneo internacional de Moscú en 1968, que es el culmen y allí suena todo el color, toda la orquesta en pleno (URSS y Moscow Invitational 1968) o cuando imagina y recrea las partidas en el techo, Ceiling Games. Por último, el triunfo frente a Borgov (Borgov III) cuando pierde la partida y toma al rey y le dice es tuyo, te lo has ganado (Take It, It's Yours), la satisfacción tanto de Beth como del espectador es plena. Ya que en dos oportunidades anteriores había perdido sus partidas con él, en Estados Unidos y en París (Borgov I y Borgov II)

Es interesante escuchar ese cambio de banda sonora, cada vez que Beth, imagina una partida en el techo, ya que la música es orquestal pero la realidad de ella es solitaria, el piano. También hay silencios musicales, en el caso de la despedida entre Harry y Beth, las actuaciones son tan buenas que no amerita música alguna, puesto que los diálogos son las melodías de las canciones. 

*Los datos biográficos son tomados de https://carlosrafaelrivera.com/bio/

Imagen tomada de https://www.filmaffinity.com/es/film634805.html

domingo, 1 de noviembre de 2020

MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LITERATURA

Todo texto escrito u oral en un medio de comunicación se puede considerar un texto literario. Por ello, traigo a colación una definición de literatura que empleaba o sigue empleando mi profesor de español del colegio, Gregorio Zapata, en el Champagnat. La literatura es un móvil de ideologías. 

En este sentido, aquella definición de que el arte por arte es lo más importante, es una ficción. Podríamos decir que el cine por el cine, la literatura por la literatura, la comunicación por la comunicación son la mejor y más pura visión. Sin embargo, definición con la que estoy muy de acuerdo, ya que los que me conocen saben soy un purista, pero para efecto de este escrito esto no aplica. 

Toda expresión humana busca comunicar algo y no solo son sentimientos, sino formas de pensar para poder actuar consecuentemente. Por tal motivo, es indispensable la forma en que se debe abordar dicho oficio sea el de comunicador, el de cineasta, el de escritor o el de artista ya que siempre está el deseo de expresar o comunicar algo por mínimo que sea.

Hay comunicadores que usan su oficio para mover masas en pro del odio y otros que lo emplean para generar soluciones a las violencias presentes en un momento dado de la historia. Algunos buscan realizar procesos de pensamiento crítico, ver puntos de vista diversos y tratar de llegar a proponer procesos de paz, de memoria, de reconciliación y de verdad. Para desarrollar estos niveles de comunicación es fundamental el manejo de la literatura. 

En la construcción de relatos a través de la historia es innegable que muchos periodistas y comunicadores emplearon su quehacer favoreciendo, intencionalmente o no, la confrontación entre narrativas que estigmatizan al otro, despojándolo de su humanidad y justificando su aniquilamiento. 

Claro ejemplo de esto es lo sucedido el 3 de diciembre de 2003, el Tribunal Internacional para Ruanda fue escenario de una histórica sentencia: dos periodistas fueron condenados a cadena perpetua y uno más, a 35 años de prisión, acusados de cometer crímenes contra la humanidad: “Ocupaban posiciones de liderazgo y confianza, eran plenamente conscientes del poder de las palabras (…). Estaban en la posición de informar y orientar a la opinión pública hacia el logro de la democracia y la paz y, en vez de promover los derechos humanos, usaron la radio y la prensa para diseminar el odio y la violencia (…) y envenenaron las mentes de sus lectores. A través de las palabras, sin portar ningún arma, causaron la muerte de miles de civiles inocentes”, dijo la juez Navi Pillay sobre los periodistas de Radio Mil Colinas (RTLM) y el periódico Kangura.

Por ello, un escrito o un relato que se presente para explicar el porqué de la violencia le faltaría algo sino se vislumbra un análisis del papel de la prensa exigiendo responsabilidades y, aquí la ética es fundamental, una prensa que contribuya a una profunda reforma de los medios como uno de los pilares de transformación cultural y social que supere las causas estructurales del conflicto. 

Pero a ese relato, presentado así, le haría falta un pedazo si no se reconociera que muchos periodistas también han sido víctimas por llevar hasta las últimas consecuencias su compromiso con la verdad, que es lo que define su oficio. Hay un periodismo que, aún en medio del conflicto, permite que se escuchen las voces y las demandas de los silenciados y su trabajo por la paz; propicia y promueve el diálogo entre voces diversas; explica y ayuda a entender; devela, moviliza e impulsa el pensamiento crítico. Ese es un periodismo preocupado por cumplir una función a favor de lo público y por servir a los intereses de los ciudadanos, no de los mercaderes de la muerte y sus patrocinadores.

En este contexto, es importante, como lo dijimos anteriormente, el papel que juega la literatura en los procesos de reparación, de memoria y de búsqueda de la verdad, pues la construcción de relatos a partir de los testimonios de las víctimas y victimarios debe ser lo más fidedigno posible sin dejar de lado el reto que tiene este tipo de literatura y es el de seducir y cambiar la forma de pensar de un gran espectro de la población tan habituada a la violencia, a la imposición del más fuerte (que en muchos casos no desea que salga a la luz la verdad ya que no es conveniente para ellos). 

Aquí el papel de los diferentes cronistas es de vital importancia ya que se debe comunicar la verdad desde la multiplicidad de miradas y con el lenguaje propio de cada región para poder escuchar las voces que aún no son escuchadas pero que empiezan a ser tenidas en cuenta.


Imagen tomada del blog, leyendo en mi rincón.


domingo, 25 de octubre de 2020

LA COMISIÓN DE LA VERDAD Y FRATELLI TUTTI - SEGUNDA PARTE

 Ahora bien, sólo desde la verdad histórica de los hechos podrán hacer el esfuerzo perseverante y largo de comprenderse mutuamente y de intentar una nueva síntesis para el bien de todos. La realidad es que «el proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza común, más fuerte que la venganza. Pero es muy difícil lo que plantea el padre jesuita Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, en entrevista publicada el 12 de octubre de 2020, por María Isabel Rueda en el periódico El Tiempo: “Nosotros acogemos la decisión de las Farc de aceptar la responsabilidad, públicamente, del magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado. E igualmente invitamos a la sociedad a acoger, con el beneficio de la confianza, a los perpetradores o victimarios que reconocen públicamente responsabilidad y verdad.” Ya que frente a este caso no se ve que se honre la memoria de las víctimas, cuando las Farc en su momento, se negaron a reconocer las violaciones y abortos de mujeres al interior del grupo guerrillero y mucho menos el reconocimiento del reclutamiento forzado de menores en las filas de ellos. Así, es muy difícil dar el beneficio de la confianza. Sin embargo, hay que seguir insistiendo en la verdad y la justicia de la mano de la misericordia.

En efecto, “la verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Las tres juntas son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas impide que las otras sean alteradas. […] La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón. Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos. […] Cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad; cada muerte violenta nos disminuye como personas. […] La violencia engendra violencia, el odio engendra más odio, y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena que se presenta como ineludible”.

Una cosa es aceptar ser responsables ante el país y ante las víctimas, y otra cosa es el aporte a la verdad. La diferencia en el paso dado por la Farc es que es un aporte en justicia y verdad en el que no se señala el crimen del otro, sino al crimen de uno mismo. Esto es reconocimiento. Hacen un acto libre. Un acto que solo los compromete a ellos. Cabe preguntarse si este acto de verdad y de justicia va acompañado de misericordia.

El camino hacia una mejor convivencia implica siempre reconocer la posibilidad de que el otro aporte una perspectiva legítima, al menos en parte, algo que pueda ser rescatado, aun cuando se haya equivocado o haya actuado mal.

El esfuerzo duro por superar lo que nos divide sin perder la identidad de cada uno, supone que en todos permanezca vivo un básico sentimiento de pertenencia.

No hay punto final en la construcción de la paz social de un país, sino que es una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos. Trabajo que nos pide no decaer en el esfuerzo por construir la unidad de la nación y, a pesar de los obstáculos, diferencias y distintos enfoques sobre la manera de lograr la convivencia pacífica, persistir en la lucha para favorecer la cultura del encuentro, que exige colocar en el centro de toda acción política, social y económica, a la persona humana, su altísima dignidad, y el respeto por el bien común. Que este esfuerzo nos haga huir de toda tentación de venganza y búsqueda de intereses sólo particulares y a corto plazo.

Quienes pretenden pacificar a una sociedad no deben olvidar que la inequidad y la falta de un desarrollo humano integral no permiten generar paz.

Algunos prefieren no hablar de reconciliación porque entienden que el conflicto, la violencia y las rupturas son parte del funcionamiento normal de una sociedad.

Otros creen que la reconciliación es cosa de débiles, que no son capaces de un diálogo hasta el fondo, y por eso optan por escapar de los problemas disimulando las injusticias. Incapaces de enfrentar los problemas, eligen una paz aparente.

No se trata de proponer un perdón renunciando a los propios derechos ante un poderoso corrupto, ante un criminal o ante alguien que degrada nuestra dignidad. Estamos llamados a amar a todos, sin excepción, pero amar a un opresor no es consentir que siga siendo así; tampoco es hacerle pensar que lo que él hace es aceptable. Al contrario, amarlo bien es buscar de distintas maneras que deje de oprimir, es quitarle ese poder que no sabe utilizar y que lo desfigura como ser humano. Perdonar no quiere decir permitir que sigan pisoteando la propia dignidad y la de los demás, o dejar que un criminal continúe haciendo daño.

Pero la verdadera reconciliación no escapa del conflicto sino que se logra en el conflicto, superándolo a través del diálogo y de la negociación transparente, sincera y paciente. La lucha entre diversos sectores «siempre que se abstenga de enemistades y de odio mutuo, insensiblemente se convierte en una honesta discusión, fundada en el amor a la justicia». Así lo plantea el padre de Roux: “No sabemos cuál es el aporte a la verdad que va a hacer las Farc; lo único que sabemos es que ha aceptado responsabilidades y que se ha comprometido a aportar verdad. Esa verdad, en lo que hace, no a lo jurídico, sino a lo histórico, a lo contextual, la vamos a contrastar con otros aportes, como los que pueda hacer Samper, o la familia Gómez Hurtado o la misma Farc.”

A quien sufrió mucho de manera injusta y cruel, no se le debe exigir una especie de “perdón social”. La reconciliación es un hecho personal, y nadie puede imponerla al conjunto de una sociedad, aun cuando deba promoverla. En el ámbito estrictamente personal, con una decisión libre y generosa, alguien puede renunciar a exigir un castigo (cf. Mt 5,44-46), aunque la sociedad y su justicia legítimamente lo busquen. Pero no es posible decretar una “reconciliación general”, pretendiendo cerrar por decreto las heridas o cubrir las injusticias con un manto de olvido.

La Comisión tiene la obligación de recibir, y recibir bien, a todos los que quieren contribuir con sus aportes a la verdad en el conflicto. Recibir y entender no significa estar de acuerdo con las personas que se reciben. Es la verdad de ellos, no la verdad de la Comisión, que está obligada a contrastar esos aportes para llegar a los juicios históricos, humanos y éticos de la Comisión.

Una vez más “no podemos permitir que las actuales y nuevas generaciones pierdan la memoria de lo acontecido, esa memoria que es garante y estímulo para construir un futuro más justo y más fraterno”. Tampoco deben olvidarse las persecuciones, el tráfico de esclavos y las matanzas étnicas que ocurrieron y ocurren en diversos países, y tantos otros hechos históricos que nos avergüenzan de ser humanos. Deben ser recordados siempre, una y otra vez, sin cansarnos ni anestesiarnos.

Así lo reconoce, el padre de Roux, presidente de la Comisión: “El lugar de las víctimas es prioridad para la Comisión. Un acto de estos sin haberlo conversado con las víctimas produce una revictimización: el dolor, la indignación, la incertidumbre, el grito de la justicia buscada. El reconocimiento de las Farc es el resultado de un proceso, pero en ese proceso justamente es muy importante, antes de que un responsable salga a decir en público que acepta una responsabilidad, la conversación en privado y crudo con las víctimas (siempre y cuando las víctimas lo quieran), con las familias afectadas, y escucharlas sobre lo que sienten ante eso. Escuchar su indignación, su sufrimiento, su grito de justicia. Para nosotros, la verdad está basada en las víctimas. Desde allá es que nos importa recibirla y escucharla.”

Es fácil hoy caer en la tentación de dar vuelta la página diciendo que ya hace mucho tiempo que sucedió y que hay que mirar hacia adelante. ¡No, por Dios! Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa. Necesitamos mantener “viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió” que “despierta y preserva de esta manera el recuerdo de las víctimas, para que la conciencia humana se fortalezca cada vez más contra todo deseo de dominación y destrucción”.

El perdón no implica olvido. Decimos más bien que cuando hay algo que de ninguna manera puede ser negado, relativizado o disimulado, sin embargo, podemos perdonar. Cuando hay algo que jamás debe ser tolerado, justificado o excusado, sin embargo, podemos perdonar. Cuando hay algo que por ninguna razón debemos permitirnos olvidar, sin embargo, podemos perdonar. El perdón libre y sincero es una grandeza que refleja la inmensidad del perdón divino. Si el perdón es gratuito, entonces puede perdonarse aun a quien se resiste al arrepentimiento y es incapaz de pedir perdón.

Tampoco estamos hablando de impunidad. Pero la justicia sólo se busca adecuadamente por amor a la justicia misma, por respeto a las víctimas, para prevenir nuevos crímenes y en orden a preservar el bien común, no como una supuesta descarga de la propia ira. El perdón es precisamente lo que permite buscar la justicia sin caer en el círculo vicioso de la venganza ni en la injusticia del olvido.

Si no nos creemos, no hay nada que hacer. Y por eso nosotros tenemos estas obligaciones: esclarecer lo que pasó, dignificar a las víctimas, invitar a los responsables a aceptar responsabilidades, trabajar por la convivencia y la reconciliación y presentar caminos de no repetición. Es nuestra obligación invitar a la sociedad a que seamos muy serios en esto y a que creamos los unos en los otros. Si no creemos, no nos queda sino armarnos todos, y no habrá posibilidad de paz.

La violencia ejercida desde las estructuras y el poder del Estado no está en el mismo nivel de la violencia de grupos particulares. De todos modos, no se puede pretender que sólo se recuerden los sufrimientos injustos de una sola de las partes. Como enseñaron los Obispos de Croacia, “nosotros debemos a toda víctima inocente el mismo respeto. No puede haber aquí diferencias raciales, confesionales, nacionales o políticas”.

No nos quedemos en discusiones teóricas, tomemos contacto con las heridas, toquemos la carne de los perjudicados. Volvamos a contemplar a tantos civiles masacrados como “daños colaterales”. Preguntemos a las víctimas. Prestemos atención a los prófugos, a los que sufrieron la radiación atómica o los ataques químicos, a las mujeres que perdieron sus hijos, a los niños mutilados o privados de su infancia. Prestemos atención a la verdad de esas víctimas de la violencia, miremos la realidad desde sus ojos y escuchemos sus relatos con el corazón abierto. Así podremos reconocer el abismo del mal en el corazón de la guerra y no nos perturbará que nos traten de ingenuos por elegir la paz.

miércoles, 21 de octubre de 2020

LA COMISIÓN DE LA VERDAD Y FRATELLI TUTTI - Primera parte

El presente escrito pretende dar unas notas personales (con base en citas textuales de la Encíclica Fratelli Tutti) frente al papel de la Comisión de la Verdad, en Colombia, a la luz de la reciente publicación de la Encíclica del Papa Francisco, el 3 de octubre de 2020. 

Estas acotaciones se realizarán, en su primera parte, desde el auténtico diálogo social y, en su segunda parte, desde los caminos de reencuentro y de la verdad.

***


Iniciemos diciendo que Francisco plantea que acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto, todo eso se resume en el verbo “dialogar”. Para encontrarnos y ayudarnos mutuamente necesitamos dialogar.

Algunos tratan de huir de la realidad refugiándose en mundos privados, y otros la enfrentan con violencia destructiva, pero entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo. El diálogo entre las generaciones, el diálogo al interior de la Comisión de la Verdad, el diálogo en el pueblo, porque todos somos pueblo, la capacidad de dar y recibir, permaneciendo abiertos a la verdad.

Se suele confundir el diálogo con algo muy diferente: un febril intercambio de opiniones en las redes sociales, muchas veces orientado por información mediática no siempre confiable o por la temible post-verdad. Son sólo monólogos que proceden paralelos, quizás imponiéndose a la atención de los demás por sus tonos altos o agresivos.

El auténtico diálogo social supone la capacidad de respetar el punto de vista del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o intereses legítimos. Desde su identidad, el otro tiene algo para aportar, y es deseable que profundice y exponga su propia posición para que el debate público sea más completo todavía.

Hoy existe la convicción de que, además de los desarrollos científicos especializados, es necesaria la comunicación entre disciplinas, puesto que, la realidad – y no solo la realidad, sino la verdad misma – es una, aunque pueda ser abordada desde distintas perspectivas y con diferentes metodologías.

El relativismo no es la solución. Envuelto detrás de una supuesta tolerancia, termina facilitando que los valores morales sean interpretados por los poderosos según las conveniencias del momento.

Lo que llamamos “verdad” no es sólo la difusión de hechos que realiza el periodismo. Es ante todo la búsqueda de los fundamentos más sólidos que están detrás de nuestras opciones y también de nuestras leyes.

Al relativismo se suma el riesgo de que el poderoso o el más hábil termine imponiendo una supuesta verdad, lo que se conoce, hoy día, como post-verdad.

No existen el bien y el mal en sí, sino solamente un cálculo de ventajas y desventajas. El desplazamiento de la razón moral trae como consecuencia que el derecho no puede referirse a una concepción fundamental de justicia, sino que se convierte en el espejo de las ideas dominantes. Entramos aquí en una degradación: ir “nivelando hacia abajo” por medio de un consenso superficial y negociador.

En una sociedad pluralista, el diálogo es el camino más adecuado para llegar a reconocer aquello que debe ser siempre afirmado y respetado, y que está más allá del consenso circunstancial. Hablamos de un diálogo que necesita ser enriquecido e iluminado por razones, por argumentos racionales, por variedad de perspectivas, por aportes de diversos saberes y puntos de vista, y que no excluye la convicción de que es posible llegar a algunas verdades elementales que deben y deberán ser siempre sostenidas. 


sábado, 17 de octubre de 2020

FRATELLI TUTTI Y LA MINGA INDÍGENA

 

El presente escrito pretende dar unas notas personales (con base en citas textuales de la Encíclica Fratelli Tutti) frente al papel de la Minga indígena, en Colombia, a la luz de la reciente publicación de la Encíclica del Papa Francisco, el 3 de octubre de 2020.

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Algunos tratan de huir de la realidad refugiándose en mundos privados, y otros la enfrentan con violencia destructiva, pero «entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo. El diálogo entre las generaciones, el diálogo entre gobierno y movimientos sociales, el diálogo en el pueblo, porque todos somos pueblo, la capacidad de dar y recibir, permaneciendo abiertos a la verdad.

La palabra “cultura” indica algo que ha penetrado en el pueblo, en sus convicciones más entrañables y en su estilo de vida. Por ello, la Minga Indígena es “cultura”. Si hablamos de una “cultura” en el pueblo, eso es más que una idea o una abstracción. Incluye las ganas, el entusiasmo y finalmente una forma de vivir que caracteriza a ese conjunto humano. Entonces, hablar de “cultura del encuentro” significa que como pueblo nos apasiona intentar encontrarnos, buscar puntos de contacto, tender puentes, proyectar algo que incluya a todos.

Ignorar la existencia y los derechos de los otros, tarde o temprano provoca alguna forma de violencia, muchas veces inesperada. Tal vez, es lo que realiza el presidente Duque, al negarse hablar con los indígenas. Los sueños de la libertad, la igualdad y la fraternidad pueden quedar en el nivel de las meras formalidades, porque no son efectivamente para todos.

Un encuentro social real pone en verdadero diálogo las grandes formas culturales que representan a la mayoría de la población.

Por consiguiente, un pacto social realista e inclusivo debe ser también un “pacto cultural”, que respete y asuma las diversas cosmovisiones, culturas o estilos de vida que coexisten en la sociedad.

La intolerancia y el desprecio ante las culturas populares indígenas es una verdadera forma de violencia, propia de los “eticistas” sin bondad que viven juzgando a los demás, como lo han mostrado algunos por estos días. Pero ningún cambio auténtico, profundo y estable es posible si no se realiza a partir de las diversas culturas, principalmente de los pobres. Un pacto cultural supone renunciar a entender la identidad de un lugar de manera monolítica, y exige respetar la diversidad ofreciéndole caminos de promoción y de integración social.

El individualismo consumista provoca mucho atropello. Los demás, líderes sociales y el pueblo en general, se convierten en meros obstáculos para la propia tranquilidad placentera. Entonces se los termina tratando como molestias y la agresividad crece.

Sin embargo, todavía es posible optar por el cultivo de la amabilidad. Hay personas que lo hacen y se convierten en estrellas en medio de la oscuridad.

La amabilidad es una liberación de la crueldad que a veces penetra las relaciones humanas, de la ansiedad que no nos deja pensar en los demás, de la urgencia distraída que ignora que los otros también tienen derecho a ser felices.


Imagen tomada de semana.com

sábado, 25 de julio de 2020

REMEMBRANZA PERSONAL DE MIS ABUELOS


Los abuelos, esos adultos mayores, que para muchos hoy día son una carga, tienen mucho por enseñarnos.


De mi abuelo Efrén aprendí la reciedumbre, fue arriero, trabajó con correos de Colombia, llevando cartas y encomiendas por las montañas de Cundinamarca. Un día cuando llegué por primera vez de hacer la caminata Subachoque - San Francisco por El Tablazo, estando en el Colegio Champagnat del que me gradué, le dije que las personas que habían colocado la imagen de la Virgen y la antena que se ve en la cima del Tablazo debieron ser unos duros. A lo que me respondió escuetamente "Yo fui uno de ellos". Claro, él era natural de San Francisco. Desde allí lo admiré en silencio y cada vez que podía lo escuchaba con atención. Hasta que se fue de la casa, más bien lo sacaron.

De mi abuela Cecilia, aprendí la entereza, la dedicación y, gracias a ella, también, me formé en espiritualidad, me dio a conocer la religión católica. Lo mejor que pude heredar de ella. También se fue de la casa.

¡Qué fortaleza la de ellos dos! pues sus muertes no fueron fáciles, aguantaron con paciencia sus dolores hasta que no pudieron más. Él de úlceras en el sistema  digestivo, lo que recuerdo fue que me contaron que estaba en la casa de Kennedy en su habitación y de un momento a otro vómito sangre, untando las paredes y ya venía con sus padecimientos previos. La atención de él fue mejor que la de mi abuela, ya que mi primo Fabián trabajaba en el Hospital San José, donde tuvo una buena asistencia. Mi abuela soportó tres derrames cada uno la diezmaba, pero aún seguía mostrando su entereza. Murió en un corredor frío del Hospital San Pedro Claver (Hoy Méderi) esperando un cuarto que no llegó.

En ambas ocasiones le dije a mi mamá que los trajeran a casa, que murieran en familia, pero como era un niño mi voz no valía, no retumbó.

De vez en cuando, le reprochaba a mi mamá, el hecho de que se hubieran ido de casa. Siempre le dije, en esas ocasiones que salía el tema, primero están los padres que los hijos, aun más los abuelos, sin ellos no seríamos lo que somos, en la gran mayoría de casos. No sé cuál fue la razón para que mi mamá no los tuviera en casa. Más bien, si la sé. Porque de esa misma manera a mi mamá la trato. Y es algo que llevo en mi interior y que ya perdoné.

Para terminar, antes de morir mi abuela, a pocos días de su tercer derrame. Yo estaba en Undécimo, a punto de graduarme y ser bachiller. No sé porqué, pero en una de mis visitas a la casa de Kennedy donde vivía con mi tía Ana y mi prima Dolly y con mi tío Luis y Pili su señora y mis Primas Fernanda y Johanna, me le acerqué y le dije al oído no te vayas hasta que veas y te presente mi diploma de  bachiller.

Me gradué el 28 de noviembre del 94, a los dos días fui y se lo mostré. Mi abuela se fue en diciembre de ese año, el 17, para la celebración del cumpleaños de mi prima Fernanda, ella cumplía en junio pero mi tío quiso celebrar la fiesta ese sábado. Fiesta que no se hizo.

Este pedazo de alma lo escribo a manera de exorcismo, un día antes del 26 de julio, día que se celebra y se conmemora a los padres de la Virgen María. Abuelos de Jesús. 

San Joaquín y Santa Ana.

Bogotá, D. C., 25 de julio de 2020.